El espíritu indomable de los turcos y su fe en la remontada, en el triunfo final, no tienen límites. ¿Suerte despiadada o destino?
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

“¡Estos turcos están locos perdíos!“, gritaba José Antonio Camacho durante la retransmisión del partido después de que Turquía, en un margen de 5 minutos, diera la vuelta a un partido que tenían 2-0 en contra frente a la República Checa. Y eso que ya venían de remontar ante Suiza. Total, que se colaron en cuartos a la chita callando, tras protagonizar el partido más épico de la primera fase. Pero nadie esperaba que el milagro turco prosiguera su camino rumbo a semifinales, ya que les tocaba enfrentarse a la Croacia de Modric, clara favorita y aparente sorpresa del torneo tras vencer a Alemania en la primera fase, su potencial rival en las ’semis’.
Tras 119 minutos de férrea táctica y empate a cero en el marcador, el fútbol nos brindó un final propio de un guionista de Hollywood. Por fin Croacia pudo abrir el resultado después de que Modric ganara un balón al atolondrado Rustu y lo pusiera en la cabeza de Klasnic. El partido estaba ganado a un minuto del final. Sin embargo, Turquía empató en el ultimísimo segundo tras un saque largo de Rustu que Sentürk envió al fondo de la red. El golpe psicológico fue tremendo para los croatas. Bilic, el entrenador ’showman’ de la Euro, no se lo creía. Normal. Ver para creer. Los penaltis ya estaban ganados antes de tirarlos.
¿Suerte? ¿Azar? ¿Casualidad? ¿Destino? Quizá un poco de todo. Quién sabe. La suerte de Turquía no tiene límites. Pero la suerte se busca. No está de parte de todo el mundo. El espíritu indomable de los turcos, su fe en la remontada, en la épica, en el triunfo final, no tiene límites. Y eso debe ayudar. Desconozco si lo hacen con la de ayuda de Alá o de quien sea, pero su fe o su suerte les ha metido en semifinales, donde espera la todopoderosa Alemania, a la que todos dan por favorita, máxime sabiendo que Tuncay, Arda Turam y probablemente Nihat se perderán el encuentro. Yo no me fiaría de los turcos. Su pasión, su fe y su suerte no tienen límites.
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