El abulense ya es líder de la ‘grande boucle’. Evans queda a 1:34 en la general; la crono del sábado decidirá el campeón del Tour
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

A pesar de todo, de los positivos de Beltrán, Dueñas y Riccò, y de todos cuantos les precedieron en sus trampas, hay gente que todavía cree, y siempre creerá, en el ciclismo, deporte de deportes. La exhibición de Carlos Sastre ayer en las 21 curvas-rampa de Alpe d´Huez es un ejemplo de sufrimiento y superación dignos de mención y elogio; una estampa de las antiguas, casi en blanco y negro, de cuando Bahamontes también coronaba en primer lugar este mítico puerto. Ahora muchos rezan por no llevarse un susto dentro de un par de días. Con Carlos no, por favor.
Sastre demarró como un obús nada más empezar las interminables rampas de Alpe d´Huez, dejando a los mejores detrás, persiguiéndole como podían, ora a arreones individuales, ora a ritmo. Nada pudieron hacer por capturarlo. El ciclista de El Barraco subió, subió y subió, con los gritos de la afición y los ánimos del coche de CSC espoleándole hacia la victoria y el maillot amarillo.

Los hermanos Schleck, compañeros de equipo de Carlos, trataron también de darle caza y salvaguardar el amarillo del mayor de los hermanos. Durante medio puerto trataron de seguir al abulense en lugar de dar las riendas a Evans y gartar al australiano. En esos momentos se escribían dos historias; una de superación, la de Sastre, quien buscaba aire, fuerzas y tiempo. Otra de suspense, casi de novela negra, entre el deseo y el deber. Y es que los hermanos Schleck se enfrentaron a un problema ético; cuántas veces habrán soñado ambos con vestir uno de amarillo y el otro ser su gregorio de lujo; toda una montaña por delante y Luxemburgo patas arriba. Frank lo intentó, pero Evans pudo con él, ‘chuparruedas’ como pocos. Y así lo subieron medio puerto, a remolque. Por cierto, el hermano pequeño, Andy, ganará el Tour en años venideros.
Tal vez en ese medio puerto en que los Schleck no se resignaron a perder el amarillo Evans salvó el Tour, ya que entró con una diferencia que puede salvar en la contrarreloj del sábado en Saint Amand Montrond. Esa dichosa crono dictará sentencia en la presente edición del Tour. Los antecedentes son favorables al australiano, todo un especialista en este tipo de pruebas; de hecho, en una crono similar, Evans le metió 2:33 al abulense en el Tour del año pasado, una diferencia más que suficiente para vestirse de amarillo en los Campos Elíseos. Eso sí, la crono hay que correrla, y dicen que el amarillo da alas. A ver si es verdad.
De momento, sólo nos queda recordar con orgullo la foto de Sastre vestido de amarillo tras dar una exhibición en el puerto de puertos, en la etapa reina del Tour 2008, recogiendo los frutos de años y años de trabajo. Bravo, Carlos.
Sastre se viste de amarillo en el mítico Alpe d´Huez
Entrevista a Carlos Sastre
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