Sastre cumplió su sueño sin estrépitos, con la serenidad de quien ha soñado tantas veces ese momento que ya le resulta familiar
por Luis Francisco Castillo Rodríguez

Carlos Sastre tocó la gloria parisina con dedos expertos. Cumplió su sueño a la edad de 33 años y lo hizo sin sonrisas mediáticas, con la serenidad de quien ha soñado tantas veces ese momento que ya le resulta incluso familiar. No partía entre los favoritos, pero a él le daba igual; otros años sí que se había hecho ilusiones que finalmente resultaron frustradas. Siempre gregario de lujo de los Jalabert, Olano o Beloki, Riis apostó por él y acertó de pleno. El abulense incluso dobló a Frank Schleck en la crono de Saint-Amand-Montrond, demostrando quién es quién en esta historia. Se coronó sin alardes, con sus hijos también de amarillo (lo que demuestra, un año más, que todos nos hacemos un poco más viejos; todos, excepto las dichosas azafatas del Tour), y con el Chava Jiménez en mente. Tantas veces soñaron ambos con llegar arriba cogidos de la mano… Ayer cumplieron su sueño en cierto modo.
El abulense de Leganés o el madrileño de El Barraco tocó el cielo de París y se convirtió en el campeón apacible; su triunfo es el de la tranquilidad, la limpieza, la normalidad. El año que viene intentará, a sus 34 años, la proeza de su segundo Tour, el que distingue a los buenos de los todavía mejores. Para otros, Carlos siempre será el campeón bisagra entre Armstrong y el multicampeón que venga, Contador o Andy Schleck, el tiempo dirá, del mismo modo que Riis, Ullrich y Pantani lo fueron entre Induráin y el propio Armstrong. La normalidad de su triunfo es buena para el ciclismo, ya que hace de la victoria una consecuencia natural de los tiempos; Sastre ha estado cinco veces entre los diez primeros.

La clasificación general también sirve para sacar otro tipo de conclusiones. Entre los diez primeros hay tres menores de 30 años (Kohl, Andy Shleck y Alejandro Valverde) que se han ganado la vitola de favoritos para el próximo Tour. Sí, he dicho Valverde, el murciano que todos los años está entre los favoritos para la ‘grande boucle’ y todos los años falla. La pájara de Hautacam (perdió 3:35 con los favoritos) le privó de estar entre los mejores, si bien en los Alpes estuvo con ellos. Sigue fallando, no obstante, en la crono y bajo la presión del Tour. Otros jóvenes, como Samuel Sánchez, Astarloza, Efimkin o Nibali serán asimismo favoritos para cualquier gran vuelta. En otro orden de cosas, Vansevenant ha sido farolillo rojo de la general por tercer año consecutivo, convirtiéndose en un simpático anti-héroe. El verde de Freire también es histórico y quizá un preludio de Pekín.
La llegada a París fue una gran fiesta, como siempre. El himno español completó nuestro particular trienio (con Pereiro y Contador) a ritmo de Marsellesa. Ahora toca la Vuelta, en la que Contador parte como el gran favorito. Ojalá el año que viene también esté Alberto en el Tour, junto a Sastre y Pereiro. Porque, del mismo modo que no hay dos sin tres, tampoco habrá tres sin cuatro.
Carlos Sastre en los Campos Elíseos
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